La práctica de la meditación fortalece el hábito de calmar mi cuerpo y mi mente. Esta nueva calma logra que en mi vida exista menos sufrimiento. Por un lado la calma me protege y también protege a los demás de mí. Si surge el conflicto, el hábito de la calma consigue dos cosas, una es que el conflicto sea de menos intensidad, y la otra, que me permite recuperar antes la calma; pero una calma que me aporta una visión clara, de lo que tengo que hacer y decir para reparar el conflicto. De esta manera consigo evitar el sufrimiento inútil, al curar la herida lo antes posible. Solo cuando estoy calmado puedo tener sano juicio. Igual que en un agua tranquila puedo ver el fondo, si la muevo no me permite verlo con claridad. El sano juicio se basa en la calma. Y el Paso Once es el que me devuelve la calma como la mejor manera de recuperar el sano juicio. Es en la naturaleza y practicando la meditación cuando mi mente y cuerpo se tranquiliza y recupero el sano juicio. Son lugares donde me encuentro tranquilo. Mi calma y alegría es lo más importante, no solo para estar bien yo, sino porque de esa manera ayudo a que todos estén mejor.