Paso Once XCIV, Impaciencia

Estoy meditando, se supone que no debo de pensar en nada que no sea estar atento a mi respiración; mis pensamientos no paran de manifestarse; constantemente me vienen ideas de lo que tengo que hacer, pensamientos sin sentido, de recuerdos; todos ellos dificultan mi propósito, atender a mi respiración. A base de firmeza voy consiguiéndolo. Muchos de mis pensamientos tíenen que ver con la impaciencia, no poder esperar a pensarlo más tarde, dejarme ese momento para disfrutar de lo que me he propuesto hacer, estar haciendo algo y a la vez estar pensando en lo que voy a hacer después. Es un hábito muy marcado, parece como si tuviera prisa por vivir, para que las cosas se ordenen como a mí me gustaría. La impaciencia se manifiesta primero en mi forma de pensar, no me permite estar en el presente, ella tiene la ambición de que todo esté bien. Mi inteligencia sabe que es necesario un tiempo para que cada problema se vaya solucionando o aceptando, pero mi impaciencia me obstaculiza eso que sé, me aleja de la buena vida. Hoy no he podido evitar caer en tener pensamientos impacientes pero hoy también he podido derrotarme ante la impaciencia cuando he podido contestar algo que no es habitual en mi: déjame pensarlo. En ese momento la otra persona, que no está acostumbrada a oírmelo decir, se ha sentido descolocada pero a la vez ha reaccionado con tranquilidad. Hoy he podido derrotarme ante la impaciencia, acercarme a la buena vida.