Paso Once CXVI, compasión V

Cuando una persona sufre lo manifiesta haciendo daño, a él y a los demás, sobre todo a los que más cerca tiene. La manera que tengo de mostrarle mi amor es no aumentando su sufrimiento, pero para esto necesito primero protegerme de lo que dice y hace, ya que al estar cerca me vuelvo vulnerable. Padres, hijos, hermanos, pareja, todos tenemos heridas comunes, cuando sufrimos es suficiente con tocar una de ellas para hacernos daño. Para ayudarla bastaría con no incrementar su sufrimiento reaccionando y volcando en ella el mío. El amor auténtico es el que me permite ayudar a que la otra persona sufra menos; para eso necesito yo aprender a sufrir menos, no me basta con querer o tener la voluntad de ayudar sino que tengo que saber cómo, ser capaz. El Paso Once me enseña el camino, reconocer y abrazar mi sufrimiento sin juicio ni aversión, como se abraza a un niño herido. Para esto la práctica de la atención plena me permite reconocerlo, sentirlo sin oponer resistencia. No querer huir del sufrimiento, muy al contrario, ser muy consciente de él y abrazarlo con todo el amor del que sea capaz, abrazando a mi niño interior para consolarle. Con esta práctica, la de sacar mi atención plena para abrazar mi sufrimiento, puedo disminuirlo, y con el trabajo de los pasos ver qué herida ha provocado ese sufrimiento, y trabajarla con los pasos para sanarla.

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