Después de más de 30 años El programa de los Doce Pasos me sigue sorprendiendo; en este Paso Once me guía por un camino donde la relación conmigo y con los demás está mejorando. Con la práctica del silencio interior, y exterior, voy sintiendo que hay otra manera de vivir, más intensa, más consciente, más tranquila, donde cada momento importa, un momento para disfrutar de lo que esté haciendo, o sin hacer, sin apegarme a los pensamientos. Para esta práctica tengo un alido, mi cuerpo, y una parte de mi a la que tengo que educar, mi mente. Es a través de mi cuerpo como consigo apartar los pensamientos para llevar mi atención a la respiración. Con este simple gesto logro algo que tiene mucho poder transformador; mis pensamientos del pasado, del futuro, mis preocupaciones, los temores los puedo apartar, no dejo que me invadan, me voy liberando de ellos. Esta nueva forma de vivir el día hace que esté más receptivo, más eficiente en lo que hago, siento que soy yo el que guía mi vida. Cuando silencio mi mente puedo estar más atento a la presencia de otra persona, sin juicios, y consigo que cuando me salen las palabras, estas sean mejores, más amables, con acordes a lo que quiero decir, la otra persona las entiende mejor, son menos intrusivas, más claras, más afectuosas. El silencio interior es un lugar en el que mi mente y mi cuerpo se relajan, y desde la tranquilidad se manifiestan mis palabras para mejorar nuestra relación. El silencio me acerca a la buena vida.
