Paso Once CXXVIII, ayudar

Al igual que el amor comienza por uno mismo, si yo no me quiero no podré querer a los demás, la capacidad de ayudar también comienza por uno mismo. Cuando la otra persona está alterada, no es el momento de ayudar, es el momento de protegerse. Ese primer momento me puede coger desprevenido y sacarme de mi estado de tranquilidad, pero en cuanto sea consciente de ello, debo desprenderme emocionalmente de esa persona, no tomármelo como algo personal, sino comprender que todos estamos expuestos a desequilibrios emocionales, y tener compasión para poder salir lo antes posible de mi estado alterado. La ayuda puede venir después, cuando todo esté tranquilo y se pueda ver la manera de que se produzcan menos momentos de sufrimiento. Protegerse no es enfadarse, ni mostrar nuestra mala cara a la persona que nos está haciendo daño, que es su manera de manifestar que está alterada, protegerse es lograr un distanciamiento emocional de la persona, sin que se vea atacada, ni abandonada, aunque haya que poner espacio mientras dure esa situación. Lo importante, la guía que me tiene que marcar el camino para protegerme es mi tranquilidad, buscar ese espacio donde la pueda recuperar. En esos momentos, lo que más puede ayudar a la persona que está alterada, es que yo no incremente su estado, sino que me vea tranquilo, aceptando lo que está pasando pero sin ofrecerme para sus ataques. Para desprenderme emocionalmente necesito tener una vida propia, no codepender de esa persona haciéndola el foco de mi vida, sino tener mi propio espacio personal, de lo que sea, meditación, naturaleza, cocina, caminar, amigos, una actividad que me permita conectar conmigo, apartarme de sus emociones, y de la de cualquier persona afectada también por ellas, para poder recuperar mi calma y tranquilidad. Aceptar que soy impotente ante esa persona.

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